Demonología y sexo

Demonología y sexo

05 Feb Demonología y sexo

La Demonología y sexo han estado unidas de la mano a lo largo de las diferentes tradiciones que conforman el mito de las “religiones del Libro”. Es decir; cristiana, islámica y judía. Vamos a hablar un poco del tema. El ejército del Diablo en la Tierra está compuesto por; brujas y brujos, magos, satanistas y demonólogos. Hay quien puede sorprenderse al citar a los demonólogos, no obstante, gran parte del poder del Diablo viene precedido por la creencia o no que se tiene en él. De esta forma, inconscientemente toda la información que se desarrolla y estudia sobre su figura, lo potencia al fin y al cabo. Por convocarlo, por creer en él, o simplemente por el temor que le rodea, se establece una relación preferencial con el “más hermoso de los ángeles”. . No se determinará aquí, no es el lugar para hacerlo, ni el propósito que anima este pequeño comentario, cuántos de ellos fueron víctimas inocentes del furor de terceros, de su propia ignorancia y de las condiciones de su época: no cabe duda, en todo caso, que hay más demonismo en la conducta de los inquisidores que en la de sus ajusticiados. Lo que sí interesa deslindar, para que el lector tenga una pequeña lectura de conjunto, es el mundo de la invocación demoníaca, de la vida cotidiana de todos nosotros por la que el Diablo campa a sus anchas sin magia ni conjuros. Pero eso es motivo de otro artículo diferente.

Demonología y sexo en la antigüedad.

Para continuar hablando de demonología y sexo hay que remontarse a la antigüedad. Si hay que dar crédito a las tradiciones parabíblicas, como puede ser la tradición talmúdica, la tradición islámica o, la de las sectas herejes anteriores al primer concilio de Nicea, o los evangelios apócrifos (el comercio del sexo entre seres humanos y entidades demoníacas es tan antiguo como la existencia de la propia historia. Por supuesto para la tradición cristiana no comenzó en el Edén, donde el Diablo simplemente encendió el deseo de Eva para que ésta se lo diga a Adán) pero sí inmediatamente después de la expulsión del Paraíso. Hagamos pues un intento de sincretizar lo que estas leyendas pertenecientes al mito bíblico nos cuentan. Adán, Eva y Satán son expulsados del Paraíso al mismo tiempo, como reos convictos del mismo delito, y condenados a una pena similar: habitar este mundo, donde la pareja primordial pasará hambre, parirá con dolor y trabajará con esfuerzo, y el Ángel Caído conservará una parte de sus poderes (el don de la metamorfosis, el doble estado angélico y humano, la deslumbrante inteligencia y la bellez) significando esta una pequeña compensación a su pérdida del Paraíso y a su nostalgia del Cielo, muy virulenta tras el Apocalipsis. Satán y aquellos que le acompañaron durante la rebelión; un pavo, en representación del orgullo y la serpiente cayeron en la península indostánica. Adan cayó en el monte Serendib, en la Isla de Ceilán (hoy conocida como Sri Lanka). Eva en las faldas del Monte Ararat, en el mismo lugar en el que encalló el Arca de Noé. Una vez desterrados, empezaron a moverse. Adán pidió la gracia al Creador hasta que le fue enviado el Arcangel San Gabriel que le enseño los rudimientos de la oración y el camino por el que podría encontrar a Eva; ella, a su vez, no pudo superar su tendencia esencial a la pasividad y esperó a su marido tumbada en el Monte Ararat durante 300 años (tal es el papel que el mito guardó para Eva), mientras que el Diablo no hizo nada.

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Demonología y sexo en la tradición islámica.

A partir de ahí, las tradiciones han complementado el mito. La tradición islámica por ejemplo, asegura que es en el Monte Ararat donde se realizó la primera cópula de la especie y es por lo tanto donde se establece la primera relación entre demonología y sexo, ya que en el Paraíso; Adán y Eva habían sentido el deseo pero no lo habían satisfecho. Cuando Adán hubo conocido en reiteradas ocasiones a su mujer y se entregó al sueño, apareció Eblis (el Diablo para los musulmanes) en la forma de un ángel resplandeciente que en realidad seguía siendo, y le recriminó por entregarse a ella con tanta pasión olvidando sus deberes para con Dios. Como penitencia, simulando la voz de Dios le obligó a sumergirse en el río Geón y sólo sacar la nariz para respirar, de esta forma, el Diablo se apareció a Eva en la forma de Lucifer, melancólico y dulce lucero del alba y ella lo acogió de manera maternal hasta que acabó siendo infiel a Adán. Los ulemas aseguran que esta infidelidad primordial ha sido la causa de todas la peleas de la pareja humana, y el origen de la debilidad intrínseca de la mujer (el mito una vez más arroja culpas sobre la mujer como causa de todo mal). Heredera de esa lasitud de ánimo de su madre (dicen los ulemas), toda mujer acabará siempre por conceder sus favores, si se la asedia con reiteración y paciencia.

La tradición talmúdica.

Menos machista que la tradición paracoránica a la hora de establecer las primeras relaciones entre demonología y sexo es la talmúdica. Los judíos consideran responsable a Adán de la primera infidelidad marital de la historia. En el drama del Paraíso habría habido una tentación primigenia que la ortodoxia silencia: la presa del Diablo era Adán, primera criatura humana del padre, y sólo ante su irreversible lealtad se habría dedicido por tentar a Eva. Los buenos resultados que obtuvo con esta estrategia indirecta, convencieron al Diablo de una verdad que no ha sufrido modificaciones en el curso del tiempo: el punto débil del hombre era la mujer. Sobre esa experiencia, entra en escena uno de los personajes más fascinantes de la demonología: Lilith, la encarnación primordial del diablo femenino. La historia que cuenta la tradición talmúdica habla de como Lilith, simulando no saber que Adán se encontraba allí, acudió a bañarse a un río, concretamente al río Geón, donde le mostró todos sus encantos a Adán, que se encontraba sumergido en el agua. Allí, el primer hombre acabó por sucumbir al demonio yaciendo con Lilith durante 130 años. Hay crónicas que incluso hablan de una descendencia prolija que habría dado lugar por lo tanto a los “lilim”. O hijos de Lilith. Serán estos los ángeles que se enamoraron de las hijas de los hombres y los padres de los gigantes de la antigüedad. Desde entonces pueblan la tierra como mortales y configuran una estirpe destinada a hacer prevalecer la sangre de Lilith en la historia. Adán y Eva mientras tanto, se perdonarían sus infidelidades, congraciándose tras el nacimiento de Caín.

Ya en el siglo III, el apologista cristiano Lactancio, argumentó que de aquella unión, para la que bebió de la tradición talmúdica, habría surgido la raza de los íncubos y los súcubosm cuya carnadura admitiría todos los estados intermedios de la materia: ni del todo hombres o mujeres ni del todo demonios, están sometidos a la muerte pero poseen también el don de la metamorfosis; no tienen acceso al Cielo ni al Infierno, y su morada permanente es la tierra pese a su alma inmortal. De esta forma están condenados al Limbo lugar desde el cual hacen apariciones esporádicas. Ellos son por lo tanto los fantasmas, duendes, silfos, y toda la nómina de apariciones que se recogen en las tradiciones paranormales y su casuística.

Espero que os haya gustado este acercamiento a las tradiciones islámica y talmúdica de la demonología y sexo. ¿Qué opinas?

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