¿Qué es la Magia Blanca?

05 Oct ¿Qué es la Magia Blanca?

Definición de la Magia Blanca

La Magia Blanca, que se define como benéfica por oposición a la magia negra especializada en acciones maléficas, tiene algunos aspectos parecidos a la religión, sobretodo en la medida en que se opone a la brujería. Aunque se suele identificar brujería con magia negra, algunos autores prefieren llamar magia blanca a cualquier tipo de magia y relegan al ámbito de la brujería todo aquello que no es magia ni religión. En la realidad, el rol de los magos cazadores de brujos, a los que se llama también medicinemen o witch doctors, y que presentan, por otra parte, algunas analogías con los chamanes, es muy complejo. Mientras los especialistas en magia negra son

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Estrella Pitagórica

rechazados, ellos son aceptados y hasta venerados por la comunidad social, pues aunque emplean a menudo técnicas idénticas a las de los brujos y manipulan el mismo género de fuerzas sobrenaturales, los magos las dirigen sólo hacia el bien, por ejemplo hacia la curación de enfermos, mientras que la brujería recurre a ellos casi siempre para extender la desgracia, para que las personas enfermen o para matarlas con hechizos. Pero los magos blancos son, con frecuencia, temidos, pues se sabe que sólo depende de ellos el emplear su fuerza y su técnica en otro sentido. En diversas tribus africanas, especialmente entre los kissi (Guinea) y los tongas (Mozambique), excelentes etnógrafos como, D. Paulme y Junod, han comprobado que los cazadores de brujos poseen la reputación de poder actuar como sus enemigos si lo desean, y ellos mismos se vanaglorian de ser brujos (baloyi) más poderosos que los demás. A veces son los mismos magos blancos quienes inician a los brujos.

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Bosque mágico, los bosques siempre han sido entornos propicios para la magia

Para Van Gennep, la magia es la técnica de la religión. Es decir la puesta en práctica de todo el potencial sobrenatural de la religión. Parece sin embargo, más razonable, no alejarse tanto del sentido usual de esta palabra, y reservar el término de magia a las prácticas que se diferencian de los ritos religiosos en que poseen por sí mismas, o por mediación del mago, su eficacia, de tal modo que obligan a las fuerzas sobrenaturales puestas en juego. Éstas son, pues, inmanentes, incluso aunque tengan la figura de un demonio, ya no escapan a la determinación del rito. Por el contrario la religión sólo puede intentar inclinar unas voluntades que son consideradas superiores a las prácticas y a los hombres que las realizan. La misma se dirige, pues, a fuerzas trascendentes que escapan a la mera razón humana. Por ello, el sacerdote se limita a rogara a la divinidad, esperando que ésta dará su consentimiento, mientras que el mago, ya sea brujo, chamán o cazador de brujos, se encarga de hacer lo que sea preciso para obtener los resultados deseados, sobre todo profiriendo encantamientos que no dejan lugar a una voluntad superior.

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