Fenómenos ocultos en la Edad Moderna

02 Nov Fenómenos ocultos en la Edad Moderna

Doscientos años atrás, la gente aceptaba con bastante facilidad los fenómenos paranormales, pero no los consideraba como un producto de la mente, sino como el resultado de una relación con el diablo. La lectura del pensamiento de otras personas, la adivinación del futuro, la puesta en movimiento de los objetos sin tocarlos y, sobre todo, las relaciones con los muertos, constituían los talentos propios de las brujas, y a menudo sus poseedoras eran castigadas con la muerte. Aún no hemos conseguido liberarnos de esta actitud, que es la causante del desasosiego que experimentan muchas personas frente a los fenómenos paranormales.

Sin embargo, estos fenómenos cuentan con una tradición prolongada y respetable. En los primeros tiempos de la historia los sacerdotes y los brujos trataban de adivinar el futuro utilizando distintos sistemas; tales como arrojar al aire unas cuantas piedras de diferentes colores e interpretar los dibujos que formaban cuando caían. En la antigua Mesopotamia se examinaban los hígados de animales sacrificados, en busca de datos, en un proceso similar al de los frenólogos de siglo XIX que se aventuraban a establecer el carácter de una persona por medio de la medición de las protuberancias de su cabeza. En otros ámbitos culturales se llegaba a inmolar a un prisionero enemigo para adivinar el futuro a partir del examen de sus entrañas.

John Dee

Durante el reinado de Isabel I, a finales del siglo XVI, el doctor John Dee realizó unos estudios sobre los fenómenos ocultos que le proporcionaron unos resultados similares a los que obtuvieron los investigadores del comienzo del siglo XX. Dee fue un estudioso de gran seriedad; poseía una biblioteca con más de cuatro mil libros, la mayor de la Inflaterra de su tiempo. A él se debe la primera traducción inglesa de los tratados matemáticos de Euclides, y sus trabajos científicos y filosóficos gozaron del respeto general. Sus investigaciones sobre lo oculto, sin embargo, le acarrearon la persecución por parte de las autoridades y lo llevaron a la ruina.

Jhon Dee descubrió un sistema de comunicación con los espíritus. Con la ayuda del “médium” Edward Kelly, Dee logró ponerse en contacto con unos “ángeles” que “conversaban” con Kelly a través de un cristal, o de un espejo cóncavo de vidrio negro, técnica que siguen utilizando los videntes actuales. Los ángeles no proporcionaron a Jhon Dee ninguna información valiosa, pero le enseñaron, por mediación de Kelly, un idioma desconocido, con el que podría obligar a los espíritus a cumplir las órdenes de su invocador. Algunos magos actuales siguen utilizándolo, pero los resultados que obtienen no parecen ser mejores que los conseguidos por el propio doctor Jhon Dee.

Otro de los primeros estudiosos de los fenómenos paranormales fue Franz Anton Mesmer (1734-1815), el descubridor del “magnetismo animal”, de cuyas investigaciones arrancan los estudios modernos sobre el hipnotismo. Mesmer creían que los planetas influían, a través de magnetismo, en la salud de las personas, por lo que se dedicó a tratar a los enfermos por medio de imanes. Pronto se convenció, sin embargo, de que la fuerza se originaba las curaciones residía en realidad en sí mismo, así que pasó a realizar unos pases especiales sirviéndose de sus manos o de diversos objetos que había cargado previamente.

El rápido incremento de su fama le llevó a trabajar en cadena. Construyó una enorme tina, que llenó con agua y limadura de hierro y de la cual derivó una serie de varillas de hierro. Los pacientes se sentaban alrededor de la tina y aplicaba a los miembros enfermos las puntas de las varillas. Mesmer, vestido con una túnica, se paseaba entre ellos y les aplicaba una serie de pases magnéticos que a veces les hacían caer al suelo en medio de convulsiones. Fue tan grande la sensación causada que el gobierno francés estableció una comisión investigadora, entre cuyos miembros estaba Benjamin Franklin. Ésta reconoció en su informe que algunos de los pacientes se curaban, a pesar de que las técnicas de Mesmer eran decididamente inmorales.

Mesmer cayó pronto en desgracia, pero hay que reconocer que logró abrir el camino a la utilización del hipnotismo en la psiquiatría moderna. Si trabajo también ha influido en el empleo de las técnicas hipnóticas por parte de los parapsicólogos en su intento de despertar los poderes paranormales. Provocó asimismo el reconocimiento de la acción de la sugestión en las personas de extremada sensibilidad. Así, muchos fenómenos aparentemente paranormales se han mostrado como simples ilusiones, a pesar de que son totalmente convincentes para las personas que los experimentan. (El truco hindú de la cuerda, por ejemplo).

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