Creta en la demonología

Creta, Palacio de Cnosos, demonología

16 Feb Creta en la demonología

La demonología ha abordado diferentes campos de estudio de los demonios. El surgimiento de la visión mítica de ellos es uno de esos campos. De todas las civilizaciones que habitaron el neolítico, la cretense es sin dudas, una de las más desconocidas y a la vez fascinante. Conocida como civilización minoica es una de las primeras cultura de la conocida como Edad del Cobre en Europa. Hasta las excavaciones de Arthur Evans, principalmente en Cnossos, esta cultura era practicamente desconocida, un pozo de oscuridad en los textos de la historiografía. En las últimas décadas, por el contrario, se ha ido revelando como el eslabón perdido que liga la civilazación del valle del Nilo con las del Creciente Fértil, y ambas con los dorios, aqueos y frigios que protagonizarían la gran aventura de los griegos. Los descubrimientos arqueológicos encontrados, han sido destacables y van mucho más allá de aquellos comienzos en los que todo giraba alrededor del mito del rey Minos. Y aunque queda mucho por investigar en lo relacionado con la escritura (se ha dado en conocer la isla como “el gran libro de ilustraciones sin texto”). Se han podido decodificar algunos de los misterios de este pueblo perdido, o conjeturar al menos sobre ellos con cierta base de certeza.

Mito y demonología cretense

A un primer estadio mítico (Teseo, el laberinto, los primeros cultos táuricos: cuya manifestación laica pudo ser base para los primeros juegos gimnásticos y con pértiga, que se dan como antecedente de la tauromaquia), sigue el período denominado minoico antiguo (3000-2100 a.C) la cultura cretense se continentaliza, insuflando su vigor y aportando nuevas fuerzas a los aqueos de Micenas, ciudad del Peloponeso que alcanza su florecimiento en el siglo XVII a.C. Bajo un modelo talasocrático, la civilzación cretense llega por entonces a su apogeo, capitaneada por una clase dirigente que construye grandes palacios y obra pública en la isla, genera la práctica regular de los deportes atléticos y de las fiestas taurinas, y cuenta con gigantescos almacenes para el acopio de granos, aceites y vinos que sus naves llevan a Egipto, al sur de la naciente Europa y al Asia Menor. En 1530, sin embargo, los terremotos devastan la isla, sobre la que comienzan a caer también las migraciones aqueas en oleadas cada vez más grandes. Un siglo después (1425 a. C), un fallido levantamiento cretense acaba con el incendio y arrasamiento del palacio de Cnossos, y el predominio micénico no tiene ya sobresaltos en los tres siglos siguientes.

Poco sabemos como de tantos otros aspectos de la cultura cretense, de la religión de los cretenses: que cerecían de templos y la celebración de los cultos era, por tanto, privada; que su panteón era eminentemente matriacal, centrado en la liturgia de la Magna Mater; que nos dieron el paso al antropomorfismo de sus divinidades, mañas que a través de pequeñas estatuillas o tallas sobre gemas; que carecían de deidades híbridas como sí podemos encontrarlas en el vallle del Nilo, lo que en cierto aspecto supone un avance en el desarrollo espiritual. Y es aquí donde aparecen las primeras vinculaciones de esta civilización para la demonología.

Demonología y cultura minoica

Juan B. Bergua, basándose en el estudio de la gema de Hydra y la de la Figalia, concluye que los demonios (en plural), hacían las veces de intermediarios entre las diosas y los mortales; tal vez, se ocuparan también de la limpieza y el cuidado de los altares. El autor adjudicó por lo tanto un rol determinado a estos seres dentro de la sociedad minoica.

Otra hipótesis resulta, por lo menos, altamente especulativa: inmediatamente por debajo del culto a la Magna Mater, el más desarrollado de los cultos cretenses es el que se rendía a la serpiente. El propio Bergua nos informa que, en más de una casa señorial, se han encontrado huellas que hacen suponer una creanza y veneración de los ofidios, en salas o templetes destiando al efecto. Ahora bien: Salomon Reinach ha hecho notar que, como en los demás pueblos del Egeo, en Creta pudo haber una veneración por las cigüeñas (en Grecia, durante siglos era delito capital atentar contra su vida), y esto explicaría la proliferación de esvásticas sus muros, se sabe que buena parte la simbología contemporánea identifica la esvástica con una cigüena en vuelo. El culto a la cigüeña, sin embargo, ha ido asociado siempre a la exorcización de las serpientes, de las que son básicamente predadoras. para cerrar el razonamiento mítico, sólo basta concluir que la serpiente era adorada en Creta, proque era temida, y redirle culto era un forma, como hemos visto en otros casos, de mantener bajo control su capacidad de mal.

Si esto es así, de la misteriosa isla del Egeo habría partido, hace cuatro mil años, la estendida identificación del Diablo y la serpiente, que reptó por Egipto y Babilonia antes de instalarse en el mito del Jardín del Edén que hemos heredado.

¿Y tú, qué sabes del mito de la serpiente?

Sigue leyendo: Demonología y sexo.

 

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